El miedo a volver a escribir (reviviendo el blog)


Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema. Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena. El lector, la lectora harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
José Emilio Pacheco.
Es obvio. Uno prefiere que guste el trabajo, pero a eso de escribir para los escritores yo no le encuentro la gracia. La cosa son los lectores.
Roberto Fontanarrosa.
Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender.
José Martí.

Había una vez un muchacho que escribía mucho, tanto que cuidaba muy poco lo que redactaba, un buen día de agosto de hace dos años, la vida lo llevo a un tumultuoso, exótico y tranquilo lugar llamado Facultad de Filosofía y Letras donde empezó a estudiar Lengua y Literaturas Hispánicas. Ahí como buen advenedizo intentó explicarse ¿qué carajos hacia ahí? Le gustaba escribir, sin embargo no lo veía como una forma de vivir, es importante decir que su enfoque era otro, él se había preparado para ser Diseñador o Computólogo.

Resignado, tal vez algo seducido por el entorno y los profesores, decidió que si estaba ahí debía hacer buen uso de lo aprendido. Créame, estimado leyente, no es un alumno ejemplar, ni siquiera se acerca a los grandes come libros de ese lugar, él sólo se empeña en hacer un buen papel. Dado que no había pulido este lado de su perfil determinó que debía usar sus dotes de ilustrador  y dedicarse a un sector que lo acercara más a lo que quería, de esa manera se inclinó por la Literatura Infantil. Con ese objetivo en mente va dando palazos y pisando con tiento los semestres que pasan, pues la espinita de ¿esto será lo mio? Lo visita a cada rato.

El rigor que la carrera impone sobre el buen uso de su idioma sin ser purista le emocionaba, pero también lo aterraba. Ahora, se pone a revisar lo que escribía en este blog y no puede creer los horrores, asesinatos tal cual, cometidos contra la lengua que estudia y ama: El español. Por tal motivo, cada vez que intentaba regresar a este sitio, el miedo lo invadía: ¿Para qué escribir, con qué objetivo, tendrá sentido regresar? La respuesta llegó una tarde mientras recordaba lo que le dijo José Emilio Pacheco sobre el oficio de escribir, más un curioso descubrimiento de la frase de Roberto Fontanarrosa.

Sí, él debía volver, pues sólo en el gerundio de escribir se podría hacer camino, sólo de esa manera vencería su miedo. Su gran maestro J.E.P. ya había dicho «lleva un diario, si vas a escribir lee, lee mucho de lo que te guste» y es eso lo que hará, total, «La cosa son los lectores», escribir puro ensayo en su facultad le pesa, cansa y merma el ánimo, debe encontrar un deshago en el cual pueda ser poco académico sin perder de vista las nuevas reflexiones de su lozano contexto.

Por lo tanto, esperará dejar de ser advenedizo en tierra de molinos gigantes, cronopios, gauchos valientes, niños de la edad de oro, de Quevedo y compañía, de los escritores olvidados, de La hojarasca. De igual forma, confía en que regresen sus lectores y se agreguen nuevos.

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